La sonificación de datos tiene aplicaciones en cualquier disciplina científica. En biología ha sido empleada, por ejemplo, para la detección de los fragmentos de ADN que corresponden a las instrucciones para crear una proteina. La molécula de ADN es una larga y continua cadena formado por cuatro bases (A, C, T y G). Esta secuencia puede convertirse en una sucesión sonora comprensible que facilite la detección de patrones. Mediante distintos tipos de timbres y ritmos es posible construir una melodía que informe sobre los puntos de arranque y parada de los codones o la aparición de fragmentos dañados de código genético. La gran sensibilidad que posee el sistema auditivo humano a la hora de detectar magnitudes que fluctúan es el fundamento de esta sonificación.

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